El Rostro Hispano de Jesús
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EL ROSTRO HISPANO DE JESUS (Review)
Este es un libro de múltiple utilidad que toda persona interesada en el ministerio entre hispanos e inmigrantes debe leer, estudiar y aplicar. Útil no solo para el predicador y maestro que quiera profundizar en el tema de los temas: la persona de Jesús, su vida y enseñanzas contextualizadas en nuestro medio y cultura, sino útil para cualquier persona que desee penetrar en el mensaje eterno de la Palabra divina y comprender su significado y proyección para nuestro tiempo.
Tres campos, entre otros, cubren con suficiencia y profundidad la temática de este libro:
a. el campo pastoral
b. el campo exegético
c. el campo teológico
y los tres se complementan.
En el campo exegético se nos dan herramientas, criterios y recursos novedosos para penetrar el sentido del texto bíblico y desentrañar el significado viviente de la vida, persona y mensaje de Jesucristo. Los autores nos convencen de la actualidad de ese mensaje aquí y ahora, en el medio en el que Dios nos ha plantado, que es nada menos que en el de un país que no es originariamente el nuestro, pero que hemos adoptado como el «nuestro» y dentro de una cultura que evoluciona de la relativa uniformidad anglosajona, a la pluralidad de mil colores y sabores que nosotros los «hispanos», «latinos» o latinoamericanos le estamos insuflando.
Descubrimos entonces que el Evangelio de Jesucristo y la misión evangelizadora es encarnacional. El mensaje eterno e inmutable de verdad y vida toma la forma, «se encarna» en la realidad humana y la cultura que pretendemos evangelizar. Los autores nos enseñan que no hay otro camino para ser relevantes que el de la «contextualización»: contextualizar el mensaje y el ministerio y contextualizarnos nosotros mismos como mensajeros, realizando un ministerio encarnado en la realidad del inmigrante hispano o latino.
Para lograrlo debemos conocer el pueblo y la cultura; saber de su historia, de sus características, falencias, logros y fracasos y, sobre todo, de sus anhelos y proyecciones. Es en este punto en donde la primera parte del libro presta una invaluable ayuda de orientación y proyección antropológica moderna que orienta la acción pastoral dentro del marco de la desafiante realidad humana y social del inmigrante.
Este individuo y la comunidad que integra presentan un reto múltiple que abarca desde la complejidad de su tejido social rico y variado, aunque singular y unificado por la lengua y algunos rasgos comunes que caracterizan lo que llamamos «el inmigrante hispano», hasta los retos no menos importantes de la adecuada preparación teológica y ministerial necesaria para atender adecuadamente estos retos. Será la única forma de desempeñar un ministerio provechoso y adecuado en este medio.
Descubriremos que la predicación y el culto, el canto y la enseñanza, las relaciones pastorales y el ejercicio del liderato y el contenido de nuestro mensaje, basado en los principios eternos de la Palabra de Dios, se hacen más eficaces si los revestimos de las formas que apelen a la idiosincrasia de nuestro pueblo y apunten sobre todo a sus más sentidos anhelos, necesidades y esperanzas como inmigrantes. Este ejercicio antropológico de contextualización nos prepara para poner en práctica lo que Miguel Álvarez llama en la segunda parte del libro, «un modelo contextual innovador».
La hermenéutica como interpretación toma entonces formas y matices reveladores de lo que constituye el pensamiento teológico de nuestros pueblos latinos. Jesús mismo, como sujeto teológico que habla a la mente de nuestro pueblo y se mete en su corazón, se coloca en el centro de esa teología para hacerse realidad viviente, transformadora, a través de la predicación, la enseñanza y la evangelización.
Lo hermoso e interesante de este ejercicio, tal como lo proponen sus autores, es que nos proporciona un marco hermenéutico novedoso y funcional. Miguel Álvarez nos pasea por el panorama rico y variado de las «diferentes teologías latinas»; y estudia a Jesús específicamente como sujeto hermenéutico dentro del pensamiento y la experiencia latina, dentro de la nueva realidad que vive el inmigrante en los Estados Unidos. Este ejercicio hermenéutico se enriquece con la exploración de las corrientes teol¬ógicas y sistemas interpretativos que cruzan el espectro latino de este país. Este ejercicio nos ayuda a responder a la pregunta de «¿Cómo interpreta el hispano las Escrituras?», y se nos propone un método de interpretación integrativo que incluye desde los agentes (la Palabra, el Espíritu, la historia y la tradición), hasta la misma comunidad de fe que en último término integra todos estos elementos para colocarlos al servicio del creyente y de la Iglesia. Estamos así preparados para confrontar los desafíos que la realidad latina nos presenta a nuestro ministerio desde el racismo y la discriminación, hasta el complejo problema migratorio con todas sus falacias y falencias.
Vamos entonces descubriendo —como decíamos al principio— la utilidad de este trabajo tan bien pensado, estructurado y presentado. Los hermanos Zaldívar, Álvarez y Ramírez están contribuyendo con esta obra a que el pueblo y la iglesia cristiana latinos hagan de sus ministerios en los Estados Unidos un instrumento de redención del inmigrante, facilitando y orientando la inalienable misión profética que Dios les ha dado a este pueblo y a esta iglesia en este específico tiempo de la historia.
En la parte final del libro, Raúl Zaldívar nos describe lo que él llama «el rostro sufrido» de los hispanos en los Estados Unidos. Este interesantísimo ejercicio histórico con acertadas pinceladas sicológicas y socioculturales nos sitúan de frente a la realidad de carne y hueso del hombre y la mujer latinos, que debemos comprender, para evangelizar y evangelizar para redimir. Y cuando logremos, como lo hace el autor, delinear un perfil del «hombre latino» o de «la mujer hispana», podemos entonces confrontarlos con el perfil de Jesús: ya no solo como un ente abstracto o sujeto teológico de una predicación lejana, sino como una realidad viviente integrada a su pueblo inmigrante, y solidario con sus necesidades, angustias y anhelos. Zaldívar delinea genialmente a un Jesús con rostro de inmigrante, el mismo que exige un replanteamiento teológico del contenido y forma de nuestro mensaje.
En este mensaje debe aparecer el Jesús solidario con el hombre y la mujer latinos en sus ansias, proyecciones y desvelos. El rostro sufriente de Jesús que participa de la frustración y el dolor del inmigrante hispano que busca liberación, esperanza y solución a sus problemas profundos, entre otros, la separación familiar, la pobreza y la explotación; la discriminación y el racismo.
Aparece entonces una NUEVA ÉTICA basada en los principios eternos de la moral bíblica, pero replanteada por las realidades de un pueblo y un individuo como es el inmigrante, que exige respuestas concretas a sus males concretos de cuerpo y alma; a sus frustraciones y dolores causados por el PECADO de una sociedad que en muchos casos se confiesa «cristiana», pero que en muchos de sus actos y actitudes contradice los principios fundamentales del mensaje y el evangelio de Jesucristo.
De acuerdo con estas premisas, la iglesia debe ejercer entonces su función profética a plenitud:
denunciando el pecado, anunciando el juicio de Dios proclamando un mensaje de esperanza que comprende el «hoy» de nuestro pueblo y se proyecta hacia el «más allá».
David E. Ramírez concretiza y describe este ministerio en la parte conclusiva del libro. Se impone, nos dice, una nueva definición del ministerio de la Iglesia Hispana. Ministerio en el que el inmigrante se convierte en «instrumento de misión» y emplea el hermoso pasaje de la historia de Noemí y Rut para ayudarnos a descubrir las penurias y pesares del inmigrante y las necesidades que acusa como desafío a la Iglesia hoy en día. Estos desafíos exigen un especial conocimiento de la realidad integral y concreta del inmigrante, y una preparación ministerial de acuerdo con la misma realidad. Es decepcionante, por no decir escandaloso, que en ambientes como el del sur de la Florida, Texas, California y otros, donde un gran porcentaje de la población está compuesta por inmigrantes latinos, abunden los seminarios, institutos y escuelas teológicas que siguen practicando un modelo de educación tradicional anglosajón.
Así es difícil ejercer, como dice David E. Ramírez, un ministerio encarnado en el siglo XXI y en la realidad latina. Es, pues, grande el desafío de la preparación de ministros y agentes de evangelización estrechamente relacionados con la realidad migratoria hispana, que comprendan sus anhelos, su cultura y sus formas de expresarlos en la vida, en la oración, la adoración y el culto.
Solo así el pueblo y el individuo se convierten, como propone David E. Ramírez, en auténticos instrumentos de misión. Y podremos hablar con propiedad de una genuina PASTORAL HISPANA para nuestro pueblo latino inmigrante en los Estados Unidos.
Luciano Jaramillo Cárdenas
Presidente de la Sociedad Bíblica Internacional
Miami, mayo de 2009
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