Reflexiones: 7 Palabras de Jesús

Autor de Reflexión: Santa Gonzáles

De año en año, la Iglesia revive los acontecimientos ocurridos que nos narran los Evangelios en lo que ahora conocemos como “Semana Santa”.

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Tradicionalmente, es una semana donde se recuerda el sacrificio de Jesús, un tiempo donde se conmemora el dolor, el sufrimiento y la muerte, es irónico, pero ‘la vida, la existencia humana vive estas dos experiencias: felicidad y dolor.’

Entendemos que el acontecimiento más importante en esta semana a pesar del dolor, es la Resurrección de Jesucristo, símbolo de felicidad y esperanza.

Antes de la muerte, los Evangelios nos dicen que Jesús en la cruz pronunció algunas palabras, las que se conocen como “las siete palabras”, y las que la Iglesia lee e interpreta para presentar un mensaje contextualizado sobre este acontecimiento. ¿Qué significado tienen las palabras de Jesucristo  frente a una población cristiana diferente? ¿Cuál es el mensaje de las palabras de Jesucristo, ahora que vivimos tiempos caóticos y de desastres naturales? ¿Cuál es el sentido de las palabras que pronunció Cristo para hoy? ¿Cuál es el propósito de recordar estas palabras?

El siguiente análisis de las siete palabras, está estructurado de la siguiente manera: la primera parte es un breve resumen de la crítica textual acerca de los Evangelios; posteriormente mencionaremos de manera general la situación en la que se encuentra nuestro contexto y, la tercera parte reflexionaremos en las palabras de Jesús desde la perspectiva de la esperanza.

No analizaremos palabra por palabra, sino que las siete se agruparan en tres bloques con el tema de “esperanza redentora”, “esperanza escatológica” y “esperanza en la vida cotidiana”. Haremos un análisis exegético de algunos conceptos claves utilizados en los textos bíblicos de cada palabra e integraremos los resultados con  la segunda parte  para aportar con una reflexión bíblica y contextual para la vida y misión de la Iglesia.

     1. Los Evangelios

Los primeros cuatro libros que se encuentran en el NT, son denominados Evangelios, título dado por los primeros cristianos del siglo I y por presentar a Jesús como el fundamento del Evangelio.

Los cuatro Evangelios son escritos singulares en su género y en su conjunto, debido a que ellos son los únicos que nos proveen información sobre la persona y obra de Jesucristo, Hijo de Dios, es decir, hablan del Dios encarnado.

Una de las opiniones más conocidas con respecto al contenido común de estos escritos, es la presentada por Boismard, “Los Evangelios canónicos son el resultado y mezcla de una serie de documentos”[1] , o sea, antes de los libros canónicos, ya existían documentos escritos previamente que describían la vida y obra de Jesús, y los redactores finales tomaron la información necesaria de estos documentos y la incluyeron en su evangelio, el resultado: los Evangelios tal y como ahora los conocemos.

Razón del porque las siete palabras, en las que reflexionaremos, no se encuentran en un solo Evangelio, sino que cada evangelista menciona una o dos. Las siete palabras de Cristo en la cruz fueron recopiladas y analizadas en detalle por vez primera por el monje cisterciense Arnaud de Bonneval (+1156) en el siglo XII. Ahora, se han sistematizado y se han colocado como sí Jesús las hubiera mencionado en un solo discurso.

   2.      Nuestro Contexto

En estos últimos cinco años, el mundo ha experimentado grandes cambios, cambios en el aspecto político, económico, social, cultural, etc. pero el cambio más visible, es el producido por los desastres naturales ocurridos recientemente, estos han marcado y desviado el rumbo histórico de la humanidad, se han registrado miles de personas fallecidas, al igual que desaparecidas, y las personas sobrevivientes  quedan con grandes necesidades. En los países que experimentaron estas situaciones afectó la geografía, economía, la política y la estructura  familiar.

El cambio político también es visible, gente insatisfecha realizando protestas  llegando a la violencia con el propósito de que el sistema político vigente se cambie, que gobierne otra persona y con una nueva propuesta pueda transformar, beneficiar y establecer justicia a toda la ciudadanía y no solamente a una minoría.

Con toda esta situación y como seguidores de Jesús, creemos que la fe en Él, sus palabras dichas y plasmadas en los Evangelios aun hacen eco para este tiempo, el profundo significado de cada palabra nos da esperanza para este contexto que hemos descrito. Jesucristo, el gran maestro, siervo y ejemplo de vida nos invita a que podamos releer sus palabras, que recordemos su obra expiatoria en la cruz, que miremos la cruz no sólo para sentirnos culpables, sino para renovar nuestra fe y entender que Él está presente en cada situación dolorosa,  y con Él podemos seguir adelante en la vida cotidiana.

   3.      Reflexión y análisis de las siete palabras de Jesús

1.      “Jesús dijo e]legen: Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen” Lc. 23:34
2.      “Le contestó: Te aseguro levgw que hoy estarás conmigo en el paraíso” Lc. 23:43
3.      “Jesús, viendo a su madre y al lado al discípulo predilecto, dice  levgei a su madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Después dice al discípulo: Ahí tienes a tu madre” Jn. 19:26-27
4.      “A media tarde Jesús gritó levgwn con voz potente: Eli Eli lema sabactani (o sea: Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me abandonaste?” Mt. 27:46
5.      “Después Jesús, sabiendo que todo había terminado, para que se cumpliese la Escritura, dice levgei: Tengo sed” Jn. 19:28
6.      “Jesús tomó el vinagre y dijo eijpen: Está acabado. Dobló la cabeza y entregó el espíritu” Jn. 19:30
7.      “Jesús gritó eijpen con voz fuerte: Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu. Dicho lo cual expiró” Lc. 23:46                                  (BDP 1995)

Siete palabras, sí consideramos  la numerología judía y la gran cantidad de veces que se utiliza en el género apocalíptico, el número siete tiene un significado de perfección, de esta forma podemos entender con este sentido, que al mencionar Cristo siete palabras, la obra de Jesús, además de ser perfecta, perfecciona a la persona que se arrepiente, a la que desea y hace un cambio de vida encarnando en su ser las palabras del maestro.

Con respecto al vocabulario, en las siete palabras dichas por Jesús, se resalta el verbo griego utilizado levgw (légo) el cual se ha traducido: “decir, hablar, asegurar”. Un segundo término relacionado con este es eijpon (eipon), el latín vox y del cual se derivan tres sustantivos:
lovgoς  (lógos) “palabra, razón”,
e]poς  (epos) “palabra, verso épico” y,
rJhma (rhema) “lo que se dice: palabra, frase, vocablo, según el contexto”[2]

Al destacarse este verbo griego, que connota “expresar oralmente lo que hay en el interior”. Interpretamos que lo que Jesús habló en ese momento agónico, manifiesta lo que había en su interior, en su ser, lo que sentía. El sentimiento más íntimo lo evidenció con palabras al sentir soledad, un dolor profundo, pero a la vez seguridad,  lo que le hacía entender que el Padre lo escuchaba y estaba junto a él.

De esta manera, podemos comparar con lo que hay en cada ser humano cuando se enfrenta con situaciones de crisis, cuando se sienten abandonados, cuando “cada cual se muere solo y la muerte es la suprema soledad”[3], en ese tipo de situaciones, uno quiere expresar lo que hay en el interior, que alguien de confianza nos escuche. Gracias al sacrificio de Jesús y el sentido de las palabras mencionadas por nuestro Salvador, Él como intermediario “ahí esta él que nos entiende y está con nosotros…”[4], la soledad no se sentirá, el dolor será mitigado, las palabras dichas oralmente e interiormente son escuchadas, habrá esperanza en cualquier experiencia que se nos presenta en la vida.

La esperanza considerada como una virtud,  estado de ánimo, una actitud positiva; positiva no en el sentido de que pienso que todo saldrá bien aunque este mal, al contrario, la esperanza ayuda a entender la situación, mantener la paz y  ver la posible solución.

Las palabras de Jesús pronunciadas en la cruz, nos hablan de esa esperanza que necesitamos para este tiempo:

a)      Esperanza redentora. El evangelista Lucas recoge esta palabra: “Jesús dijo: Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen” (Lc. 23:34)

Una palabra que todavía se escucha, pero ahora diría así: “Padre, perdónanos porque no sabemos lo que hacemos”, sí bien es cierto, el índice de cristianos ha aumentado, y el índice de violencia, de pobreza, de injusticia no ha disminuido.

Aunque en varias iglesias, las listas de miembros se alargan y se contabilice que el número de arrepentidos ha crecido y los asistentes son en su mayoría jóvenes, con respecto a esto, “Philip Jenkins y otros estudiosos han mostrado, con ayuda de estadísticas, cómo el centro de gravedad del cristianismo se ha desplazado hacia el sur. En su abrumadora mayoría-que está en el Sur- los cristianos se encuentran entre los más pobres del mundo”[5] sumado a esto, creemos que el tema del perdón no se evidencia al cien por ciento.

El perdón, la actitud del creyente por lo que ha hecho Dios debe destacarse en la vida práctica del creyente, no sólo para expiar nuestros pecados ante Cristo en la Semana Santa, sino que el perdón sea un estilo de vida y de esta forma testificar de Dios.

Perdónanos Señor, pues nos olvidamos que en la palabra intercesora de “Padre perdónales…”, se evidencia tu gracia y misericordia para con nosotros. Perdónanos por no expresar tu gracia que da vida y esperanza en medio de tantas desgracias, por no practicar la misericordia, por no reflexionar que “la distinción indiscutible del ser cristiano es la misericordia, pues solo de esta manera se imita mejor a Dios”[6], perdónanos por sustituir la misericordia por los sacrificios sin sentido (Mi. 6:8).

No hay que olvidar que Dios en Cristo nos ha perdonado y con su gracia y misericordia, debemos anticipar su reino, denunciar la opresión, fomentar la liberación y salvación que Cristo da, evitar actitudes y prácticas religiosas esclavistas  que hacen que anulemos su obra y misericordia.

Practicar el perdón es vivir en paz a nivel mundial, no  cometer más crímenes contra el ser humano, no seguir contaminando el planeta, perdonar es liberar al oprimido y a los más débiles de un sistema económico injusto.

b)      Esperanza escatológica. Estas tres palabras las encontramos en Lucas y Juan: “Le contestó: Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc. 23:43)
“Jesús tomó el vinagre y dijo: Está acabado. Dobló la cabeza y entregó el espíritu” Jn. 19:30
“Jesús gritó con voz fuerte: Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu. Dicho lo cual expiró” Lc. 23:46

Debido a los acontecimientos ocurridos, pandemias, calentamiento global, terremotos y tsunamis,  el miedo, la inseguridad y la incertidumbre se han apoderado en la mayoría de personas ¿qué pasará con nosotros? ¿Qué sucederá con nuestro planeta, que está dando aviso que sufre grandes cambios? ¿Qué debemos hacer?

Esto ha ocasionado que el tema de la segunda venida se convierta en el mensaje más predicado hoy. La escatología retoma mayor interés, el libro de Apocalipsis se lee y reinterpreta desde esta perspectiva: ¡el fin del mundo se acerca!

Jesucristo le dice al malhechor que está crucificado al lado de él: “hoy estarás conmigo en el paraíso”, la palabra shvmeron (sémeron) que significa “hoy”, denota decisión inmediata, eso demanda Dios de nosotros. No sabemos cuándo y dónde ocurrirá otro acontecimiento catastrófico ni otra situación grave que ponga en peligro nuestra existencia, no importa cuando sea el día o fecha del regreso de Jesús, lo que es importante ahora es nuestra decisión y actitud frente a la invitación del Señor.

>>La apocalíptica es sobre todo una “reconstrucción del cielo”. Cuando la tierra aparece destruida y amenazada de muerte, cuando las mayorías pobres y oprimidas son cada día más excluidas de las posibilidades de vida, entonces se hace imperioso reconstruir en la conciencia el proyecto de Dios, ese misterio de Dios, oculto a los poderosos, pero revelado a los humildes (Mt 11,25-26). La apocalíptica es la conquista de la conciencia (la reconstrucción del cielo), para la transformación de la tierra.<<[7]

En este sentido, el paraíso no es ese lugar utópico lleno de lujos, comodidades y alienado de la realidad humana, sino, es el lugar en el cual podemos vivir aquí y ahora,  cuando por la fe aceptamos el desafío de Jesús que nos hace: “toma tu cruz cada día y sígueme”. Seguir Su ejemplo, “hoy” es testificar de la esperanza escatológica, que el futuro pleno, el paraíso, los cielos y tierra nuevos que nos ha prometido, se construya “hoy”, lo paradisiaco se viva “hoy” con nuestras actitudes solidarias, con nuestro compromiso de servicio, con el rescate de los valores, respeto por la vida, por la creación, amor al prójimo, vivir la fe en obras y con palabras de vida.

Y, cuando llegue el momento de experimentar la vida eterna, al igual que Jesús, con seguridad podamos decir: Padre “está terminado, en tus manos encomiendo mi espíritu” que no tengamos miedo a ese momento, sino creer y confiar que de acuerdo a  nuestras obras realizadas en la tierra como expresión de la fe en Él, estaremos a la derecha del Rey y entraremos a la vida eterna (Mt. 25:34-46) y disfrutaremos de esa ciudad celestial en plenitud (Ap. 21)

c)      Esperanza en lo cotidiano. El evangelista Juan y Mateo nos presentan las siguientes tres palabras: “Jesús, viendo a su madre y al lado al discípulo predilecto, dice a su madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Después dice al discípulo: Ahí tienes a tu madre” (Jn. 19:26-27)
“A media tarde Jesús gritó con voz potente: Eli Eli lema sabactani (o sea: Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me abandonaste?” (Mt.27:46)
“Después Jesús, sabiendo que todo había terminado, para que se cumpliese la Escritura, dice: Tengo sed” (Jn. 19:28)

En la obra perfecta de Jesús, las palabras mencionadas por él, encierran todo los elementos de la vida cotidiana, aspectos de la vida humana, como: necesidades, afectivas, físicas, biológicas; el ser humano, sufre, siente, ama, se enferma.

Las cuestiones de la vida cotidiana son importantes, el día a día de las personas tienen relevancia para Dios. “Los seres humanos no son únicamente sujetos sociales y políticos. Tienen también una relación con la naturaleza. Son también individuos, cercados por problemas y dilemas personales.[8]

La salvación que Jesucristo nos da, es una salvación integral, al decir “Mujer, ahí tienes a tu hijo. Después dice al discípulo: Ahí tienes a tu madre”. El término griego que se utiliza “ahí tienes” es el verbo i[de (íde), que proviene de la raíz oJraw (jorao), significa “observar” pero connota un observar con respeto y valor. Al mostrar a su madre al discípulo y viceversa, Él está valorando y restaurando las relaciones humanas, “el hombre de la cruz no es ajeno a los afectos y a los sentimientos que producen y reproducen las relaciones humanas cuando están preñadas de buenas y sanas intenciones.”[9]

En este tiempo donde las relaciones familiares, matrimoniales y sociales son fragmentadas, la palabra de Jesús debe encarnarse en los creyentes y  testificar del amor filial, lo individual y colectivo tiene que integrarse, destruir las murallas individualistas y antisociales que el posmodernismo enseña. “El hombre de la cruz quiere estar allí en medio de ellas, de todas las relaciones humanas instituidas: sociales, políticas, económicas, nacionales e internacionales y, por ello y para ello, nos habla su palabra desde lo alto de su cruz, extendiendo sus brazos sangrantes hacia todos.”[10] La cruz nos integra, restaura nuestras relaciones, y nos exige que observemos y amparemos a nuestro prójimo.

Otro aspecto característico en esta época, es la individualidad “…para que se  cumpliese la Escritura, dice: Tengo sed” ¿…Por qué me abandonaste? ejgkatevlipe” (egkatélipes), “esta misión le conduce a la cruz, donde experimenta el abandono de Dios y la solidaridad de los pecadores hasta el extremo del sufrimiento.”[11]Lo que significa que no es un reclamo que Jesús hace al Padre, sino es una emoción que está sintiendo su humanidad que expresa el “sufrimiento.” Al mismo tiempo es solidaridad en el clamor de todos aquellos que sufren y sienten el abandono de sus seres queridos;se solidariza con los olvidados, los invisibilizados, Él los acoge en la cruz y les da esperanza en su desesperanza.

En un Continente donde la extrema pobreza es común. No es falta de fe lo que la humanidad sufre, sino es agua y pan. Jesús experimentó esas necesidades, en la cruz Él nos recuerda que en su rostro suplicante “tengo sed…” veamos al necesitado y nos acerquemos con esa fe que tenemos en él y suplamos su necesidad así como él lo hizo (Lc. 7:22).

Conclusiones
En esta Semana Santa, además de recordar el sacrificio de Jesús en la cruz y de sus palabras pronunciadas, podamos encarnarlas y vivir en esperanza en cualquier situación de la vida en la que nos encontremos. De esta forma renovaremos nuestra fe en Él y actualizaremos el significado de lo que dijo: dando frutos y estableciendo el Reino de Dios ahora. La Iglesia como una comunidad de esperanza, donde acoge al pecador, integra a los desintegrados. El perdón de Dios y de nosotros hacia los hombres es una práctica de la justicia, de la preservación de la vida, de la restauración de las relaciones, etc.  La solidaridad y el consuelo de Dios son una realidad en este tiempo donde hay tanta gente que necesita escuchar y tener esperanza en medio de tantas desgracias.

Publicado: 19 April 2011 09:37 PM
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Notas al pié:
[1] Boismard. Sinopsis de los Evangelios
[2] V. Fontoynont, S.I. Vocabulario griego. Comentado y basado en textos. Santander, España. Salterrae. 1966. p. 17
[3] Arce, M. Sergio. Las siete y las setenta veces siete palabras. La Habana, Cuba. Clai. 1997. p.13
[4]Moltmann, J. Cristo para nosotros hoy. Madrid. Ed. Trotta. 1997 p. 10
[5]Citado por: Felix Wilfred. De la Misión Mundial a los cristianismos globales en Concilium No. 339. p. 12
[6]Tamez, Elsa. Gracia, cruz y esperanza hoy en América Latina. Quito. CLAI. p. 85
[7] Richard, Pablo Apocalíptica: Esperanza de los pobres. “RIBLA” No. 7,  p.3
[8] Dreher, Carlos A. Vida cotidiana: Resistencia y esperanza.  “RIBLA” No. 14, p. 1
Arce, op. cit. p. 21
[9] Ibid. p. 22
[10] Bueno, Eloy. Los rostros de Cristo. Madrid. BAC, 1997 p. 141

Bibliografía:
Arce, M. Sergio. Las siete y las setenta veces siete palabras. La Habana, Cuba. Clai. 1997.
Boismard. Sinopsis de los Evangelios
Biblia del Peregrino. Luis Alonso Shöckel. Bilbao, Ega-Mensajero. 1995
Biblia Nueva Versión Internacional 1991. Sociedad Bíblica Internacional
Bueno, Eloy. Los rostros de Cristo. Madrid. BAC, 1997
De la Misión Mundial a los cristianismos globales. Citado por: Felix Wilfred. en  Concilium No. 339
Dreher, Carlos A. Vida cotidiana: Resistencia y esperanza.  “RIBLA” No. 14
Richard, Pablo Apocalíptica: Esperanza de los pobres. “RIBLA” No. 7
Moltmann, J. Cristo para nosotros hoy. Madrid. Ed. Trotta. 1997
Tamez, Elsa. Gracia, cruz y esperanza hoy en América Latina. Quito. CLAI.
The Greek New Testament. Deutsche Bibelgesellschaft United Bible Societes.
V. Fontoynont, S.I. Vocabulario griego. Comentado y basado en textos. Santander. España. Salterrae. 1966.